Cada vez son más las salidas profesionales para quienes deciden dedicarse a esta profesión. Un cocinero o chef no sólo tiene un papel fundamental en la cocina, a la que traslada sus conocimientos, creatividad, gustos y su personalidad, sino en todo el proyecto empresarial.

Hace años el que estudiaba cocina, acababa en los fogones de un restaurante. Hoy las artes culinarias se han diversificado, y el que estudia en la escuela de hostelería sale de allí con unos conocimientos mucho más transversales: desde cómo sobrellevar la gestión empresarial, a ser creativo en la cocina; pasando por el marketing, la consultoría, la investigación y el desarrollo.

Los negocios dedicados a la gastronomía han adoptado múltiples formas gracias a las nuevas tendencias, lo que implica que un buen chef debe salir de su espacio tradicional o de confort para conocer la cocina desde todos los ángulos. No es lo mismo un restaurante de menú que uno a la carta, pasando por las nuevas apuestas en establecimientos: gastro-bar, lounge-bar, servicios de catering, propuestas gourmet, chefs a domicilio y un largo etcétera.

Un cocinero debe empezar desde cero

Lo segundo que aprenden los alumnos a aceptar en la escuela es que la cocina es un oficio y que hay que ir paso a paso, de menos a más, de tradicional a vanguardia; seas quien seas. “Algunos entran con mucha prisa, queriendo hacer esferificaciones, emulando a chefs de la tele. Si no aprenden a hacer unas humildes lentejas, no llegarán a hacer cosas más sofisticadas”, dice nuestro director Iñaki Camba.

Y así es. Existe una gran diferencia entre cocinar bien y cocinar de forma profesional. Un cocinero que pretenda hacerse en un hueco en la profesión debe aprender y dominar las técnicas, conocer la materia prima, las recetas originales, para luego innovar y saber sacar la esencia de un producto, de un sabor y convertirlo en un bocatto di cardinale o bocado divino de los que evocan a los sentimientos y recuerdos más profundos despertando nuestros sentidos (gusto, olfato, vista e incluso del tacto). Ese plato que volverías a probar otra vez, que se graba en la memoria y, en definitiva, que emociona.

Los que hoy en día estudian cocina tienen ambiciones diversas a las de antes y es que, los grandes cocineros de hoy no solo son cocineros: son gestores, empresarios, directores de escuelas de cocina, desarrolladores de técnicas, demostradores de producto, asesores de empresa, y por supuesto, grandes chefs.

La Práctica es fundamental: Como en todas las carreras, de lo que estudias a lo que haces hay un largo camino. Pero en el caso de la cocina, en cuya formación hacemos un énfasis fundamental en la parte más práctica, se está intentando acortar distancias. En el Restaurante Escuela Iñaki y Unai Camba, dedicamos un 80 por ciento de las horas lectivas en prácticas, dentro y fuera de la escuela. Es imprescindible conocer a la competencia, tener un espíritu abierto y no dejar de aprender nunca.

“Algunos entran con mucha prisa, queriendo hacer esferificaciones, emulando a chefs de la tele. Si no aprenden a hacer unas humildes lentejas, no llegarán a hacer cosas más sofisticadas”. Iñaki Camba, director de la escuela.

¿Hacia dónde van los caminos de los cocineros? Directos al mundo laboral

“No hay ningún alumno que quiera trabajar y no pueda”, dice nuestro director Iñaki Camba. Aunque no siempre las condiciones de estas ofertas de trabajo son las mejores para el estudiante. En un país con una tasa de paro de un 15% y un 33% de menores de 25 años sin empleo, este es un tema a tener en cuenta. Por eso el Restaurante Escuela Iñaki y Unai Camba tiene potentes acuerdos con cadenas hoteleras en Europa, donde los estudiantes tienen oportunidades de una oferta de trabajo mejor remunerada. Nuestra escuela da garantía de empleo en España y en Europa.

Nuestra cocina y nuestros chefs que son reconocidos y aclamados internacionalmente hacen hincapié en la importancia de salir de nuestras fronteras, de aprender de lo mejor de cada lugar, de cada cultura, de las materias primas desde su origen… Empaparse de nuevos sabores, de esencias, texturas. La fusión es maravillosa y no hay fronteras para la gastronomía. Y buen ejemplo de ello son los cada vez más numerosos food lovers amantes de la buena comida, clientes exigentes que buscan no sólo que algo esté bueno, sino toda una experiencia para los sentidos. 

Los jóvenes de hoy ven más posibilidades de crecimiento en la industria alimentaria y de colectividades y muchos piensan en montar un restaurante, catering, etc. Quieren aprender a cocinar y a gestionar un negocio, algo que no implique estar siempre cocinando. Pero también hay que viajar, formarse en idiomas, aprender y colaborar.

Por eso nuestra formación es diferente, práctica e innovadora, porque el alumno que entra sabe que cada lección, que cada parte de su aprendizaje es un paso en su carrera y en un futuro prometedor y que terminar su formación podrá empezar a trabajar sintiéndose preparado y con ganas de “comerse el mundo”.

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